PRISIONERAS DEL AMOR Y EL COSTO DE OTRAS ECONOMÍAS INVISIBLES

 

“El futuro de las mujeres y su desarrollo —así como el de niños, niñas, ancianos, hombres, familias y nuestras sociedades— depende de desvincular a las mujeres como encargadas exclusivas de la economía del cuidado y, al mismo tiempo, de darle a este trabajo el valor socioeconómico y político que merece…Es hora de empezar esta travesía” 

 

Tomando como punto de partida la publicación “La economía del cuidado, mujeres y desarrollo: perspectivas desde el mundo y América Latina”, editada por Leda M. Pérez, la muestra “Prisioneras del Amor y el costo de otras economías invisibles” tiene por objetivo ser una herramienta pedagógica que funcione como una introducción a diversa terminología de la economía feminista y que fomente al público en general (particularmente a estudiantes de secundaria, institutos y universidades) que participen en la urgente discusión de la valorización de los trabajos del cuidado en el Perú. La exposición se divide en tres secciones principales: un glosario de términos de la economía del cuidado, una biblioteca de contenidos para continuar la conversación que apertura cada uno de los términos y una infografía que condensa estadística sobre el estado de la economía del cuidado en el Perú. 

 

La muestra ha tenido tres procesos importantes de re-conceptualización y proceso y dan cuenta de los vacíos que enfrenta cualquier conversación sobre la economía del cuidado en el Perú. La primera se dio cuando la muestra tenía por interés visibilizar cómo el tema de la economía del cuidado se había abordado en las artes contemporáneas en Latinoamérica. Cuando ambicioné hacer una lista de artistas, como siempre hablé sobre dichos trabajos artísticos con mi madre. Me di cuenta que en mis explicaciones empleaba diversos términos que provenían de la lectura del libro mencionado editado por Leda y que debía explicarlos con cuidado para poder recibir comentarios de mi mamá. Cuando le expliqué sobre el termino de “pobreza de tiempo”, ella me respondió que nunca había escuchado algo tan preciso para describir como sentía ella la crianza de sus cuatro hijos, un bucle de pobreza de tiempo. Me agradeció y me confesó que ella siempre se había sentido culpable por sentirse de esa forma, que creció pensando que la maternidad es un regalo que no se critica y que estas palabras le otorgaban paz en sus conflictos. La conversación se tornó a cuán necesario es contar con un lenguaje que explique nuestras emociones para creer que estos existen o pueden ser validados por otras personas. Entonces, debía compartir estos términos con ustedes, quizás podrían ser tan útiles como le fueron a mi madre para nombrar nuestras emociones y sentires de opresión. 

 

La segunda se dio cuando hablando con Leda y Arlette. Ellas me hablaron de un termino en particular que se prestaba a dar nombre al argumento emocional que asegura la esclavitud de las mujeres en el seguro de los sentimientos: “Prisioneros de Amor”, acuñado por la economista estadounidense Nancy Folbre. Fue cuando la busqué en línea que quedé totalmente obsesionada con el término. Ella está bastante activa a través de un blog digital llamado “Care Talk”, que actualiza regularmente y cuyo nombre es un homenaje a la radio y a la posibilidad de “pasarla bien mientras uno trabaja en tratar de arreglar cosas que están estropeadas”. Pensaba así que “Prisioneras del Amor” sonaba tanto como una banda musical o una telenovela y en su cachosidad escondía también las diversas prisiones del amor en las que muchas mujeres viven.  La referencia a la radio y a la oralidad también fue de suma utilidad pues me permitió ubicar salidas a la pobreza de tiempo que tantas mujeres están experimentando durante la cuarentena y así pensar en cómo estos contenidos podían ser traducidos a material oral que sea accesible como la radio, mientras haces otras cosas al mismo tiempo.  

 

La tercera se dio en el trabajo en equipo de la mano. En primera instancia el trabajo, conversaciones, audios compartidos con Kathryn Paúcar y Belén Gómez de la Torre han informado no solo los contenidos de esta exposición, sino también su mismo acercamiento. Tanto Belén como Kathryn coincidían en que en la cuarentena el tiempo que consume la labor reproductiva se volvió algo innegable tanto como para hombres como para mujeres, pero a pesar de este reconocimiento lo que todavía no se terminaba de formular era quiénes realmente pagaban el costo de la economía del cuidado. La factura en la salud física y mental de mujeres quedaba como tema relegado. Estas conversaciones motivaron la selección de los siguientes 16 términos de la exposición. Cada uno de estos acompañados por un dibujo bajo la autoría de Kathryn. Belén hizo una selección de material audiovisual y textual que funcionan como un repositorio para todes quienes tengan curiosidad de continuar la travesía hacia la desviculización de las mujeres como encargadas exclusivas de la economía del cuidado. A la par la retroalimentación continúa de Maricel Delgado, Valeria Illaquita y Fernando Prieto, quienes se encargaron de la gestión, programación en web y diseño de la exposición, han sido fundamentales en cada momento. En particular sus vivencias en relación a la crianza, mantenimiento del hogar y cuidado de adultos mayores están también presentes en la exposición. 

 

Mientras escribo este texto, la CEPAL acaba de anunciar que la pandemia ha generado el retroceso de más de 10 años en los niveles de participación laboral de las mujeres en América Latina. Esta investigación reciente conducida por la CEPAL ilumina formas en las que la autonomía económica de las mujeres en Latinoamérica es todavía una meta la cual requiere muchísimo trabajo. Las brechas digitales, la división sexual del trabajo están a flor de piel operando detrás de las altas tasas de desocupación de las mujeres. 

1. DOBLE JORNADA

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El dibujo de Kathryn alude al sinfín de tareas, casi una lista interminable, para muchas mujeres que laboran tanto en un ámbito productivo como reproductivo.

Concepto el cual describe el fenómeno de la modernidad en el cual las mujeres tienen una presencia en tanto el ámbito productivo, como reproductivo, y así se le asigna una doble carga de trabajo en un mismo espacio, tiempo y jornada. Se trata de un sub-producto del capitalismo industrial en el cual se da una rígida división y asignación de distintos labores y espacios a distintos géneros. Esta distinción de esferas y ámbitos, entre el privado/público y productivo/reproductivo ha desencadenado que la presencia femenina y labor de las mujeres sea solo entendida como un medio de apoyo en la economía familiar, pero sin apreciar el valor de sus aportes o reconocimiento. La doble jornada supone una limitación en las posibilidades de empleo y construcción de una carrera profesional, así como una disyuntiva entre los ámbitos públicos y privados, entre empleo y trabajo doméstico-familiar. El termino nos ayuda a entender las múltiples tareas que enfrentan hoy en día muchas mujeres teniendo que emprender tanto una jornada reproductiva tanto en las labores de cuidado, crianza y mantenimiento del hogar, así como una labor productiva en diversos trabajos remunerado. 

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2. ECONOMÍA DEL CUIDADO

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Tipo de trabajo que incluye todas las tareas relacionadas con el cuidado, como un elemento central para el desarrollo económico y el bienestar humano. Se trata de un concepto acuñado por economistas feministas, con la misión de reconocer el trabajo no remunerado en los hogares, principalmente provisto por mujeres. El cuidado es la base de todas las economías de la actividad y del mercado económico y se trata de un elemento que la economía formal no ha reconocido por mucho tiempo. Los estudios dentro de la economía del cuidado han podido señalar y evaluar desigualdades en las familias y los hogares. Es así que estos estudios han señalado como la responsabilidad del trabajo de cuidado cae sobre los hombros de las mujeres y son ellas quienes ven afectadas el recorte de su tiempo personal y tiempo de dedicación a otras tareas, en un fenómeno el cual se conoce como "pobreza de tiempo". Leda M.Pérez concluye en su libro "La economía del cuidado, mujeres y desarrollo" que:

 

"Nos acercamos a cumplir los primeros veinte años de un nuevo siglo y la esfera doméstica, y todo lo que ella conlleva —como la economía del cuidado— sigue teniendo cara de mujer. Asimismo, tanto el trabajo doméstico, como la labor del cuidado en todas sus formas, continúan siendo menos valorados que otras actividades, con peores sueldos y derechos recortados.” 

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