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La grasa de los capitales. Imaginarios de la corrupción en el Perú.

 

Engrasar o aceitar. En el lenguaje de la corrupción, que no es solo peruano, sino también latinoamericano y hasta internacional, ambos verbos designan el acto de pagar un soborno, con frecuencia a un funcionario público o estatal. Los intereses suelen ser diversos: desde acceder a un puesto preferencial en una licitación estatal hasta simplemente acelerar o agilizar un proceso que pudiese, de otro modo, resultar engorroso o excesivamente lento, pasando por crear una relación clientelar con el funcionario público (esto es, capturar el Estado). Más recientemente, un exasesor presidencial sentenciado por su participación en asesinatos a cargo de grupos paramilitares habló de echar gasolina a funcionarios públicos, una forma curiosa de referirse a sobornos. 

 

Acelerar. Agilizar. Dinamizar. Aceitar. Si la economía fuese un mecanismo hecho de fierros, cadenas, pistones y ruedas como el de una bicicleta o un automóvil, la metáfora no calzaría mejor. De lo que se trataría con la corrupción (y esta es su argumentación a mayor o menor escala) es de engrasar las ruedas de la economía. Tal justificación tomó forma y legitimación teórica en 1992, cuando el cientista político libertario David Osterfeld hizo pública su teoría de las dos corrupciones: una expansiva, en países donde la regulación estatal es paralizante; y otra restrictiva, en países donde la regulación estatal no demanda “saltarse la fila”. La primera sería la “buena” corrupción; la segunda, una “mala” corrupción. Pero Osterfeld se equivocaba. 

 

Antes que la metáfora de lo mecánico, se empleaba la metáfora de lo orgánico. Como lo demostraron investigaciones empíricas posteriores, la corrupción, —incluso la que servía para acelerar los procesos— terminaba por reforzar las posiciones de dominio y hasta de monopolio de las empresas que, ya en primer lugar, podían aceitar a los funcionarios públicos. Si antes la grasa de los capitales dinamizaba la economía, aquí la grasa de los capitales ocluía las arterias del cuerpo social, concentraba el poder político al tiempo que económico y debilitaba de manera general la confianza en las instituciones de la democracia liberal.

 

Mecanismos, organismos, aceites, grasas. ¿Cómo vemos la corrupción? ¿Cómo la imaginamos (es decir, cómo la ponemos en imágenes)? ¿Es un código, una fórmula que se repite cada cierto tiempo, que permea y da sustancia a nuestra historia económica y política? ¿Es un dispositivo orgánico, un cuerpo enfermo, una enfermedad, una forma biológica, un animal? ¿O es solo apreciable en sus efectos, en sus procesos, en sus trayectos? ¿Han cambiado nuestra imaginería y nuestros discursos sobre la corrupción en las últimas décadas?

 

A propósito de la publicación de Estado de las prácticas empresariales contra el soborno: primer estudio latinoamericano, iniciativa de la que forma parte la Universidad del Pacífico, nace la La grasa de los capitales. Imaginarios de la corrupción en el Perú. Esta muestra está dividida en varias secciones. Primero, hemos rastreado las frases y denominaciones vinculadas a las prácticas de la pequeña y gran corrupción en el Perú para ofrecer una tipología-topología de estas. Luego, hemos resumido en una infografía lo más relevante del estado de las prácticas empresariales contra el soborno en el Perú y lo que esto nos dice sobre la corrupción empresarial. Finalmente, una selección de piezas de los artistas Fernando Nureña, Luis Fernanda Lindo, Diego Lama, Miguel Aguirre, Roger Atasi, Chio Flores y Giancarlo Valverde nos permite entrar de lleno a los imaginarios de la corrupción en el Perú.

 

Hacia el año 2010, según datos del capítulo peruano de Transparencia Internacional, la corrupción figuró como el principal problema del país (51%), seguido de cerca de la delincuencia y el desempleo. Y, aunque en los últimos años ha sido desbancada del primer lugar por la delincuencia, incluso frente a escándalos tan graves como los de Lava Jato, el porcentaje de peruanos que piensa que la corrupción no hará sino crecer en los próximos años llega a casi 3 de cada 4.


La grasa de los capitales. Imaginarios de la corrupción en el Perú no solo busca ofrecer una indagación sobre las formas en que la corrupción se constituye en la economía nacional, se dice en la cotidianeidad de nuestros lenguajes y se imagina en el mundo del arte; también guarda la esperanza de que, al poner estas imágenes y discurso frente a nuestros ojos, ellas se vuelvan dispositivos para pensar la corrupción más allá de lo puramente moral y de los discursos individuales, de modo que la despojen de su condición de celebrado secreto. Si se trata de combatir la corrupción, confiamos en que levantar ese velo, preguntarnos cómo es que la ponemos en imágenes y qué es lo que nos dicen esas imágenes es un primer paso importante en la dirección correcta.

Matheus Calderón